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 SIGNOS DE DIOS EN EL MUNDO

          Analizando determinadas  características de la realidad del mundo se puede llegar a la conclusión  de que tales características sólo se pueden explicar a partir de una realidad transcendente que sea fundamento de su propio ser y de toda la realidad mundana.

            En concreto, se va a realizar la argumentación a partir de la idea de la contingencia de la  realidad mundana. El desarrollo de la argumentación va a seguir un determinado orden sistemático.

             1.- La pregunta sobre el fundamento último del mundo y del universo.

            Las ciencias de la naturaleza nos intentan explicar cómo es el mundo dando por supuesto que el mundo “es”.

            Pero cabe plantearse de modo más profundo todavía la pregunta de ¿por qué es el mundo? O, dicho de otro modo: ¿por qué existe el ser y no la nada?

            En efecto, observamos cómo existe el mundo, que es complejo y ordenado. ¿Cuál es la causa última de que exista el universo? ¿Cuál es su fundamento último?

            Las cosas del mundo evidentemente existen y podemos estudiarlas en su origen y evolución. La razón última por la que existen resulta, en cambio, problemática para quien quiera llegar hasta el fondo de la explicación de las cosas.  

            2.- La necesidad de un absoluto.

            Contestar la anterior pregunta (¿por qué existe el universo y no la nada?) exige dar razón de la existencia de todos los entes, en el comienzo, ahora y en el futuro. La necesidad de dar una razón suficiente del universo es independiente de que éste sea finito o infinito, temporal o eterno: aunque el universo fuera eterno habría que dar una causa  eterna de su ser.

            A la pregunta de cómo es posible el ente habrá que responder admitiendo la necesidad de que exista una realidad última que se fundamente a sí misma. La realidad sería absurda si no existiera como fundamento una realidad que pudiera responder por sí misma de su propia existencia, a partir de lo cual sería posible explicar la existencia de los demás entes.

            Todo esto se explica mejor utilizando los conceptos de “ser contingente” y de “ser necesario”. Ser contingente es aquella realidad que, aunque existe, puede no existir, porque no tiene en sí misma el fundamento de su ser. Ser necesario es aquella realidad que tiene en sí misma la razón y fundamento de su ser.

            Si nos observamos a nosotros y al universo nos damos cuenta que somos y estamos rodeados por seres contingentes. Las galaxias, los sistemas solares, las estrellas, el sol, los planetas, todos los seres vivos son entes o  seres contingentes.

            Sin embargo, si toda la realidad está formada por seres contingentes nada habría podido llegar a la existencia y nada se sostendría actualmente en su ser. Si todo tiene su razón en otro no puede explicarse ninguna realidad. Por lo tanto, algo tiene que tener en sí mismo su fundamento para poder así dar razón de la realidad entera.

            Por eso la razón humana se ve obligada a admitir un ser absoluto que pueda justificar su propia existencia y la de todo lo demás.

            Sin embargo, de la necesidad de que haya un ser absoluto o necesario no se impone que tal ser deba ser necesariamente Dios, dado que serían posibles otras soluciones. 

            3.- El panteísmo materialista como ser necesario y razón suficiente.

            Del razonamiento del punto anterior se ha seguido que ha de admitirse que haya un ser necesario o una realidad absoluta que tenga en sí misma la razón de su propia existencia. Esto es algo admitido tanto por pensadores ateos como por pensadores creyentes en Dios. Porque de la admisión de la necesidad de esa realidad absoluta no se extrae todavía que tal realidad haya de ser o no transcendente. Por ello, el paso siguiente es el de determinar si esa realidad absoluta es algo distinto de la realidad mundana, es algo transcendente.

            Está claro que ninguna cosa del mundo tomada en su individualidad puede ser identificada como el ser necesario que estamos buscando. Sin embargo, algunos pensadores han querido identificar el ser absoluto con la realidad toda del mundo. Así, el universo como un todo sería el ser necesario fundamento de todo lo demás.

            Para que el universo en su totalidad pudiera ser considerado como el ser necesario que da razón por sí solo de su propia existencia el universo debería ser eterno, no tendría que tener comienzo. Ese sin embargo, no es el modelo de universo que se deriva de la teoría del big bang.

            Pero, además de existir eternamente, para que el universo en su totalidad fuera ese ser necesario su materia-energía debería de tener en sí misma la razón de su propio ser. Esa materia-energía debería poder explicar por sí misma la aparición de la vida en toda su pluralidad y complejidad. Sin embargo nada del examen de las partículas que forman la materia o la energía son capaces de explicar las complejas evoluciones posteriores de la vida. Y recurrir al  sólo azar o casualidad para explicar los resultados finales no deja de ser tremendamente problemático. El azar no parece que pueda explicar la génesis de millones de especies cada vez más complejas y perfeccionadas.

            En definitiva, este panteísmo que diviniza el universo, aunque esté muy extendida en el mundo contemporáneo, no puede dar una explicación adecuada de por qué existe el ente y no más bien la nada. Es cada vez más difícil explicar cómo es posible divinizar los átomos de helio o hidrógeno, o las partículas subatómicas.

            Por tanto, si es necesario un ser absoluto y éste no puede ser nada de este mundo, no hay más remedio que buscarlo más allá de la realidad mundana, en el ámbito de la transcendencia.                  

            4.- La realidad transcendente como fundamento último de un mundo contingente.

            Para poder ser fundamento y razón suficiente de sí misma, el absoluto ha de poseer la plenitud del ser, la realización de toda perfección posible. Sus propiedades van a diferir grandemente de las que encontramos en los seres mundanos. Por eso el absoluto ha de ser infinitud y ha de ser eterno.

            Las propiedades que ha de tener ese absoluto que estamos buscando difieren totalmente de las propiedades de los seres mundanos. Por eso la necesidad de concebir lo absoluto como transcendente al mundo.

            El Misterio que se anuncia en la realidad del mundo, al manifestarse a los hombres, será el Dios de las religiones históricas.

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